(LA PRENSA/CORTESÍA DIARIO HOY)

“Minguito” en la tradición festiva

Las fiestas religiosas en honor a Santo Domingo de Guzmán constituyen una forma de identidad cultural “Los indios sólo son fiestas”. Es una expresión ladina que nos revela los hilos de todo un entretejido histórico sobre las tradiciones festivas en Nicaragua, una mezcla de sincretismo religioso y profano, mítico náhuatl, y católico hace 122 años […]

  • Las fiestas religiosas en honor a Santo Domingo de Guzmán constituyen una forma de identidad cultural

“Los indios sólo son fiestas”. Es una expresión ladina que nos revela los hilos de todo un entretejido histórico sobre las tradiciones festivas en Nicaragua, una mezcla de sincretismo religioso y profano, mítico náhuatl, y católico hace 122 años de fiesta por “Minguito”, el santo patrono de los “managuas”, que siguen habitando las sierras y costas del lago Xolotlán.

La tradición oral se encarga de divulgarlo al igual que sus promesantes que afirman en su credo que desde que fue hallado en 1885 por el campesino sierreño Vicente Aburto y que sigue en “traídas y llevadas”, de las Sierritas a Managua el 1 y el 10 de agosto de cada año, con bajadas del trono, eucaristías, Roza del Camino, vela del barco, montada de toros, indias bonitas, comilonas, y al son de chicheros, filarmónicas, cánticos, rezos, pólvora, “palo lucio” y diablillos.

A esta tradición fiestera agostina se le ha sumado otra pero sin santo y sin deidad mítica: encabezada por el señorial desfile hípico, carrozas con sexy-bailarinas, las carreras de carretones “Ben Hur”, las apariciones proselitistas de políticos y figuras públicas y las promociones comerciales de todos los estratos. Generando así un turismo cultural, fiestero y exhibicionista, tanto para el consumo nacional como internacional.

Ello significa, además, una movilización adicional de recursos al destinar más de 2,000 policías, 105 cruzrojistas y 50 bomberos a prestar seguridad y servicios a los concurrentes a esta fiesta masiva, que ha trascendido la romería y los actos religiosos de la mera tradición sacra y pueblerina de la Managua de antaño. Aquella que a finales del siglo XVIII, sólo contaba con cuatro iglesias, la principal de talquezal a orillas del lago Xolotlán, en lo que es hoy las ruinas de la vieja catedral Santiago Apóstol. El primer patrono implantado por la conquista española.

Las “reapariciones” y el inicio de la tradición

Para el folclórologo, Bayardo Ortiz, esta diminuta imagen de tan sólo 20 centímetros, venerada como milagrosa y fiestera, fue encontrada por Vicente Aburto en un árbol de madero negro (en la finca de Inocente García Lara ubicada en las Sierras de Managua) que vino a sustituir a Xolotl, deidad del maíz en la cultura mesoamericana náhuatl.

Éste, entonces, se la llevó al párroco de la antigua iglesia de Veracruz, y el santito volvió a “reaparecer”, otra vez en el árbol. Este hecho se repitió tres veces, luego el clérigo le dijo que la imagen quería quedarse con ellos, por lo que lo llevaran a “pasear ida y vuelta”, en sus fiestas tradicionales del dios Xolotl.

Esta es la leyenda oral, que da inicio a la famosa peregrinación del mestizaje fiestero, con la traída y llevada de “Minguito”, de las Sierras a Managua y viceversa. Dándole continuidad a la tradición de Xolotl, pero soterrándola con un nuevo representante: Santo Domingo de Guzmán, (1170 – 1221) fundador de la orden de los Predicadores, propagandizador del rosario y canonizado por Gregorio IX. Durante más de 700 años esta Orden ha dado 3,000 obispos, 70 cardenales, 4 papas y 16 santos. Por lo que este Santo es celebrado en muchos países de diversas maneras, menos paganas. Por ejemplo, vemos que la imagen del santo aparece al pie de la virgen del Rosario en acto de veneración; y sus programaciones tienen un carácter de mayor altitud cultural, donde sobresalen el teatro, la danza, el deporte, actividades infantiles, conciertos y talleres.

Para Nicaragua y sus creyentes, esta tradición de raíz náhuatl y santera ha viajado de boca en boca, manifestándose con celebraciones bullangueras, comilonas, danzas, tomaderas de chicha, pero también con fuerza desencadenante durante épocas de crisis como fue el famoso aluvión que arrasó el caserío de la vieja Managua, la peste del cólera, así como en sus dos terremotos, el de 1931 y 1972, al igual en sus calamidades personales. Esto sin duda ha dado paso al crecimiento del mito de “Minguito”, el milagroso.

Valga destacar que esta divinidad, la anterior de Santo Domingo, era simbolizada como un perro pequeño vinculado a la luna. Dicho ídolo Xolotl era transportado en una canoa hacia las Sierritas, ida y vuelta del lago Xolotlán a las Sierras, como parte de sus rituales de la cosecha. Por lo que unos se atreven a justificar la coexistencia al pie del santito, por ser un guardián de las convivencias y secretos místicos.

Hace siete años, un perro Xulo de oro, fue hallado en la comunidad del Ayote. Este ídolo, viene a ser una valiosa huella de esta identidad sacra enterrada en el pasado por lo que gobiernan en las esferas de la fe predominante. En el caso de Managua, a pesar de que la iglesia declaró santos patronos, primero a Santiago Apóstol, en su periodo de la conquista, luego a San Miguel, por la arquidiócesis, “Minguito”, como acto de fe y expresión cultural masiva, sigue creciendo como su “santo patrono con mayoría de devotos”, llegando a constituirse, después de la celebración de la Purísima (Inmaculada Concepción de María) en la segunda fiesta de mayor importancia en el país.

Cabe comentar que el padre Siero y el Obispo González y Robleto, habían dado una orden oponiéndose a la tradición de la “traída y llevada” del santo por lo que fue secuestrado dos veces, en 1961 y en 1965, pues según los implicados de estos hechos, entre ellos Lisímaco Chávez, lo hicieron para que perdurara la tradición.

Para Carlos Mendoza, administrador de la parroquia Santo Domingo, el santo que recoge la tradición de los aborígenes y la evangelización católica —propia de la Orden de Predicadores— es la diminuta imagen de unos 20 centímetros que habita dentro de una urna de cristal, que bajan del trono de la iglesia de las Sierritas de Managua, con mucha algarabía; que velan toda la noche, que en la mañana se le celebra una eucaristía, antes de salir en procesión el 1 de agosto hacia la parroquia de su nombre en Managua, regresando el 10 del mismo mes.

Su propagación ha sido también posible gracias al diseño de una réplica, esta es la llamada El Mocito, que sacan para la Roza del Camino, y que luego llevan a San Judas, en un breve recorrido. También lo llevan a Ciudad Sandino, este mismo regresa al Barco (sustituto de la canoa indígena donde transportaban a Xolotl), que sale del Zumen al Gancho de Caminos, luego lo cambian por el Minguito original que viene de las Sierras a su parroquia, cerca del colegio Loyola.

Ahora hay otra imagen de “Santo Domingo de Abajo”, de casi un metro de alto, que celebran al occidente de Managua, en San Andrés de la Palanca. Con la misma alegría lo sacan en peregrinación el 7 de agosto, hasta venir a Managua y regresa a su origen cruzando todos los barrios orientales y Ciudad Sandino, este permanece en la iglesia del Rosario hasta el 18 de agosto. “También hay otra imagen, esta tiene cerca de un metro y sale de Nejapa. Si bien son diferentes imágenes, es la misma de Santo Domingo, que se celebra en varios países del mundo”, nos explica Mendoza. Por nuestra parte, retomamos esa expresión ladina, de que “los indios son fiesteros” y es precisamente este jolgorio el que mantiene viva las tradiciones festivas de los santos patronos de estas y otras latitudes del mundo. Cada una con sus propios sones de chicheros, rezos, “palos lucios”, pólvoras y diablillos.

Ídolos y chichas es la tradición

Una imagen tan sacra ¿como puede convivir con lo mundano? Carlos Mendoza, expresó que “Esa es la tradición, nuestra cultura de nicaragüenses, que aunque la iglesia no lo quisiera…, porque sinceramente el Santo era un hombre tan pulcro, tan virginal, tal espiritual, que por esto volvería a morir. Pero esa es una tradición nuestra y no la podemos cambiar. Es decir, esa es la cultura. Nuestros ancestros así trabajaban, actuaban. Nuestros aborígenes adoraban los ídolos y se emborrachaban con chicha. Adoraban las imágenes, les hacían culto, fiesta. Y esa es nuestra vida, ese nuestro destino de nicaragüenses. Y Creemos. Por eso, es que la gente actúa de esa manera; y lo mas importante: es porque no tienen una educación espiritual, una evangelización clara y concisa de lo que significa o representa las fiestas tradicionales de los pueblos”.

La Roza del Camino

Sobre La Roza del Camino, ésta se hace un domingo antes del 1 de agosto, y es una especie de preparativo de limpieza y arreglos para hacerle la pasada al Santo. Sobre ella desfilaban, además de las personas, carretas, esto es sobre el sentido ornamental y espiritual, pero en su tradición histórica, es un recordatorio del recorrido que hizo por primera vez sobre este camino de tierra, Vicente Aburto y su mujer Cirila en su viaje a Managua para visitar al cura párroco de la Iglesia de Veracruz.

En su “traída” y “dejada” del santo desde las Sierritas a Managua, esta tradición de la limpieza, (no de las actividades culturales, de danza y sacada del Mocito), desde el puente de la Morita, cerca de la Colonia Centroamérica, hacia la Cruz del Paraíso y la iglesia de su nombre en la capital, hoy es más simbólica, ya que la urbanización ha entrado por este camino, pavimentado.

En esta misma actividad también se da el tope de toros y la carrera de cintas. También es celebrada con mucha pólvora, y reviste de importancia la entrega de la tajona al mayordomo de las Sierritas al de Managua. Estos bailan con las indias bonitas, se reparte comida gratis, vigorón, chicha, cacao.

Posteriormente, el Mocito es llevado al altar de la iglesia, sustituyendo la ausencia, de Santo Domingo, que viaja a Managua llevado en hombros por los cargadores tradicionales. Este año, el alcalde capitalino, Dionisio Marenco, recibió La Tajona como el nuevo mayordomo de las fiestas, de manos del mayordomo de Las Sierritas, Félix Moreno Lezama y del párroco da Las Sierritas, Héctor Treminio.

Las indias bonitas

Las indias bonitas, forma parte del colorido de las actividades patronales en los atrios de la iglesia de las Sierritas, que año tras año ha venido dando alegría y belleza, con la participación de lindas jovencitas de los lugares aledaños.

Al respecto, el folclorólogo Bayardo Ortiz recuerda que en julio de 1965, en una ramada en la Colonia Centroamérica surgió la idea de elegir a una india bonita, y por unanimidad se eligió a la joven Irene López, hoy consagrada bailarina y profesora de folclore.

Pero fue el 31 de julio de 1969 que marcó el inicio de la elección de la “India bonita”, al son de marimbas y música folclórica. Para ese histórico primer año, la ganadora del segundo lugar fue la jovencita Ernestina Loáisiga, de Esquipulas, y el primer lugar, se lo llevó la bella y agraciada jovencita Marbelí Morales, de San Isidro de la Cruz Verde. Otros de los personajes tradicionales son la famosa Vaquita y el Cacique Mayor, Oscar Rivera, con 36 años de bailar, le dan colorido popular a esta celebración que después de la Roza del Camino, continua con la velada del barco, en San Judas, realizado por el controversial Lisímaco Chávez, por cinco décadas.

El barco

Esta es la historia de un barco que nunca ha surcado aguas o izado velas al viento. Un barco con un pasajero de lujo sobre el cual viaja una tradición que parece se remonta a una cultura remota, y presente con sus vaivenes fiesteros.

Para Bayardo Ortiz, esta manifestación excéntrica arranca en los años 1920, cuando al santito, primeramente lo cargaban en una rústica y pequeña canoa, una década después el carpintero Policarpo Alemán y el pintor Pompilio Cajina lo construyeron de madera, con un mejor aspecto y con un mástil, permitiendo montar y ajustar la peana del santo. Este, por supuesto, ya necesitó de ser transportado en una carreta de bueyes, forrada con mantas festivas. Otros de los atributos que se le agregó fueron un pletórico arco de frutas y flores silvestres, (de manera indirecta, un tributo al dios de la cosecha, Xolotl, que navegaba las aguas del Xolotlán, cuando bajaba por los caminos de las Sierritas) y otras decoraciones embelleciéndolo y sugiriéndonos de alguna forma un altar de calle, muy ornamental y folclórico.

Otro personaje, que le dio un empuje singular, a partir de los años setenta fue el desaparecido torólogo y bailarín en sus tiempos jóvenes, Lisímaco Chávez. Este barco con el santo y toda su decoración exótica es transportado en camiones de rastras, y llevado al Gancho de Caminos, donde es velado por los cargadores, luego al Zumen, el cual lo llevan al populoso barrio San Judas, donde por igual, lo velan. En ocasiones es llevado al Malecón.

La Prensa Literaria

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